El apasionante mundo de la vela

Año 2000. Alguien me regaló un libro que introdujo un nuevo elemento pasional en mi mida: “Navegando en solitario alrededor del mundo”, escrito por Joshua Slocum. Nunca había prestado atención a la vela, nada de ese mundo me interesaba. Deje el libro amontonado con otros que, en principio no me interesaban. Sin embargo, el destino que tiene una infinidad de armas ocultas,  nos empuja a seguir el guión que tiene preparado para nosotros y un día, justo unos minutos antes de irme de viaje, me di cuenta que habia terminado de leer el último libro y con las prisas cogí el que, en aquel momento, tenía más cerca; el de Joshua Slocum. Empecé a pasar página a página, convencido de que no me entusiasmaría nada, pero poco a poco Slocum, con su escritura llama, sencilla, llena de disculpas porque sólo era un “marinero metido a escritor”, fue calando poco a poco en mi. Con tal intensidad me introdujo en el mundo de la mar, que el libro apenas me duró tres días y a mi regreso busque desesperadamente su segundo libro ” El viaje del LIberdade” que también debore. Despues llegaron Moitessier, Tabarli, Damien, Dumas, Magallanes, Elcano, Legazpi, Cook… Y hasta hoy, que todavía no he podido saciar esa pasión por conocer mas sobre la mar y sus hombres.

 

 

TRANSQUADRA 2008

Rumbo al norte

julio 25, 2008   

Buenas noches.

Llevo tres dias y dos noches cruzando el Golfo de Vizcaya hacia el norte ! y la regata no ha empezado todavía!!!!

Son las tres de la noche y estoy bordeando la Isla D’ Yeux por el exterior para evitar los bajos. Tengo una buena luna y el Dirkou vuela siempre por encima de los.7 nudos, a pesar de llevar rizados el génova y la mayor. Las velas chorrean de la humedad, parece que llueva. La mitad del tiempo controlo el barco desde dentro: radar, AIS, cartografia para fondos y peligros (en esta costa esta llena), BLU, Navtex, gestion de la energía, PC y mil cosas que no evitan que tenga de subir al exterior y trimar una y otra vez para que el barco sea efectivo en cada momento.
Este subir y bajar tiene el inconveniente de que debo vestirme y desvestirme cada vez, ropa de agua, guantes para tirar bien de los winches, gorro de lana a la antingua usanza, linterna en la cabeza y chaleco salvavidas con el que engancho a la linea de vida.
Esta es otra dimensión de la vela y de la aventura. No se como será la experiencia, pero hoy (mañana no lo se) a pesar del cansancio me siento feliz..
Navegar sólo te permite pensar. Experimentas, sufres y te construyes poco a poco, esta ha sido mi única universidad. Sigo construyendome. 

Juan Porcar

Entre el cielo y el infierno

julio 30, 2008

Estos tres primeros días han sido una recopilación de lo mejor y lo peor que uno pede encontrarse en la vela. He pasado de estar sumergido en el infierno más deprimente, a sentirme en el cielo más agradable que podamos imaginar.

La mayoría de las tripulaciones (solitarios y a dos) de los 108 barcos que toman parte en esta regata somos amateurs, que vamos en busca de experiencias vinculadas a la vela y la Transquadra nos ofrece una regata transoceánica de 4.000 millas (unos 7.600 kms.) en dos etapas, la primera entre St Nazaire (Francia) y Madeira y la segunda hasta La Martinica (Caribe).

Estoy escribiendo estas líneas en el centro del golfo de Vizcaya, con el rumbo directo puesto al cabo Finisterre, con buen sol, mar azul y entre 6 y 7 nudos de velocidad, He desayunado un buen café y un bocadillo de jamón en la cubierta y me tomado todo el tratamiento para un gripazo que arrastro desde la salida. Es el cielo. Los atunes saltan por todas partes y en estos dos últimos días no he visto a nadie.

La última noche he podido dormir bastante ya que he puesto el despertador cada hora. Sonaba, me levantaba, controlaba el radar, mi posición y el consumo de energía, después salía al exterior para comprobar las velas, dirección del viento, su fuerza, el mar, el barco en general y regresaba a la cama. Duermo en el centro del barco, con una espuma, que hace de colchón y un saco de dormir. Ha sido una noche reparadora que necesitaba imprescindiblemente.

Pero conozco muy bien la otra cara de este deporte, el infierno. Viví en él la primera noche, cuando en medio de un temporal, empezaron a suceder cosas en cadena que me resulto muy difícil afrontar.

La noche fue tan dura que dos barcos dispararon sus balizas de auxilio, uno de ellos fue evacuado por helicóptero y del segundo no tengo más información, salvo que estuve seis horas en contacto con salvamento francés porque en principio mi barco fue el único que respondió a la llamada del servicio de rescate y parecía que estaba relativamente cerca. Posteriormente el Servcio de Salvamento me comunico que todo estaba controlado y que no era necesario que siguiera a la escucha. En tanto todo esto se producía y en vista que el temporal aumentaba decidí recoger la vela de proa (génova) y desplegar el foque que es más pequeña y adecuada para estas condiciones. En el momento de estar recogiendo la vela con el winch, algo bloquea el enrollador y en ese instante tres ráfagas impresionantes arrancan tres de las cinco guias del enrollador, también explota el reenvio (un día después encontré la mitad ¡denrtro del fregadero! ) y el cabo que hace de guía, se parte y la vela queda libre sin posibilidad de recogerla y sacudiendo de forma violenta con los otros cabos que tiene en sus extremidades.

En definitiva que me pasé toda la noche intentando recomponer todos los desperfectos y daños colaterales que no fueron pocos. Coloqué el barco en una posición que me permitiera reducir su velocidad a dos nudos para reducir los riesgos al realizar los trabajos en la proa. Si en el infierno existe un lugar de castigo, ese es la proa de un barco en un temporal, con el agua pasando por encima, no tienes la seguridad de que la linea de vida la que estas cogido pueda resistir el impacto brutal de una ola. En estas condiciones el mar cuando te golpea parece más sólido que líquido, son golpes secos que te desplazan. Con esta situación no se daban las condiciones óptimas para resolver los diferentes problemas. Cuando las fuerzas estaban al limite, regresaba a la cabina a descansar media hora, lo que tuve que repetir en varias ocasiones.

Al amanecer, con pocas fuerzas, seguí reparando, poco a poco, los desperfectos y a las 16 horas se podía decir que lo tenía todo controlado. Después del temporal tuvimos calmas y ello nos permitió, al Dirkou y a mi, recuperarnos y volver  a pensar en la estrategia de la regata.

Ayer pusimos rumbo al oeste y esta mañana he tomado la decisión de ir directamente hacia el cabo Finisterre, si un nuevo temporal, que está por llegar, me lo permite. Jamás pensé que iba a ser tan difícil salir del Golfo de Vizcaya.

Juan Porcar

UNAS VACACIONES EN SOLITARIO ENTRE EL CIELO Y EL INFIERNO (II)

agosto 9, 2008  

Cuando me estiro para descansar por las noches, en el techo, tengo una ventana que me permite vigilar las velas y desde hace unos días también puedo ver un universo infinito de estrellas, sin contaminación lumínica de ningún tipo. He empezado a percibir con sensibilidad lo maravillosa que es nuestra naturaleza a medida que he ido teniendo paz.
Los cinco días que tardamos desde la Bretaña francesa hasta el Cabo de Finisterre los veo como algo oscuro (estaba previsto tres días y tardamos cinco), húmedo, angustioso, donde tenía que hacer esfuerzos para comer, acurrucado junto al timón, mojado y teniendo que dedicar varios minutos para poder engullir cada bocado. Pero mis 15 años de carreras en Africa me habían enseñado a sufrir y a no saltarme algunas normas básicas para sobrevivir. Sabía que tenia que comer y beber porque de lo contrario mis fuerzas llegarían a sus límites y lo de viajar en solitario tiene el inconveniente de no poder dejar la responsabilidad a otro y dormir para recomponerte.
Aquellos días, cada vez que me estiraba húmedo, preocupado por estar en un medio que no dominaba como me hubiera gustado,  pues seis años navegando son poco para afrontar tempestades de 50 nudos, (sólo se consigue la experiencia pasando por ellas) miraba hacía arriba y sólo veía oscuridad y la inquietante visión del agua corriendo y golpeando por encima del barco, evidentemente nada que ver con el cielo que veo ahora. He cogido un par de días de calmas y navego a 5 nudos, con el mar plano, he recuperado el hambre, la ropa se ha secado, he ordenado  y recompuesto mi Dirkou, este espléndido Dufour 40, que me ha protegido como yo sólo se que lo ha hecho y me estiro y cuento las estrellas fugaces. Si esto es el cielo, quiero quedarme.

Ahora puedo entender mejor a Bernard Moitissier un navegante solitario mítico de los años sesenta que participó en la primera regata en solitario alrededor del mundo, sin escalas y sin ayuda y cuando había completado dos terceras partes de su recorrido y al pasar el Cabo de Hornos supo que iba primero, empezó a darse cuenta de que no quería los honores, ni el dinero del premio y que después de siete meses navegando, lo que deseaba era seguir navegando y en medio del Atlántico, dio media vuelta, envió un mensaje a través de un mercante para que a su vez lo enviase a los organizadores diciendo “Abandono, no quiero traicionar mi espíritu” y siguió cinco meses más sin tocar tierra, ni ver persona, hasta Tahiti. (- Mensaje para mi mujer; “May no te preocupes, volveré a casa, no tengo nada que ver con Moitissier”).

 Cuando tienes mucho viento tienes trabajo y cuando no tienes también, esta noche he estado hasta las cuatro levantándome regularmente un par de veces cada hora porque el viento era poco, rolaba y golpeaba las velas, lo que me preocupa porque la delantera está apedazada y es la que tuve que reparar en La Coruña y si no hay viento se golpea con los obenques y se puede volver  rasgar. ¡Pero que gusto da salir en manga corta, temperatura agradable, cielo maravilloso y no mojado, con frío, tiritando, y cayendo cubos de agua encima.!. 

Vivo el día y la noche confundidos, puedo responder un mail a las 3 de la mañana y dormir a la una del mediodía, el ritmo me lo marca los acontecimientos. Lo que he notado que debo pensar más todas las maniobras, sobre todo las que entrañan cierto riesgo porque mis reflejos se han visto mermados y cuando, por ejemplo he de poner el spi, debo calcular meticulosamente toda la maniobra. Ayer, como tenía poco viento, tuve la tentación de dejarlo puesto toda la noche, pero es un riesgo porque en cualquier momento entrada el viento de noreste con 20 nudos y eso complicaría arriarlo, pero lo intenté, lo deje y a las 11 de la noche me estiré a descansar un poco, pero no estaba tranquilo, así que no podía conciliar el sueño. Nunca me había puesto a dormir en un barco, navegando sólo y dejando el spi grande puesto poniéndome en manos del destino. Una ráfaga de viento a la 1 de la madrugada me conveció de que debía arriarlo y entonces pude descansar una hora.

 También mi memoria ha mermado y debo apuntarme todo aquellos detalles que necesitaré recuperar después. Supongo que este desorden está afectando a todo mi organismo.

 Los océanos Atlántico y del Teneré

 Veo muchas similitudes entre el Dakar y la navegación oceánica en solitario. La filosofía del reto individual, de la exploración de tus propios límites, de los espacios abiertos y la enseñanza que te ofrecen estas situaciones en tu formación personal y capacidad de sufrimiento. Lo único diferente está en los aspectos físicos. Ahora me doy cuenta de que el Dakar es muy duro, pero cuando querías te detenías y toda la acción y la acción se detenía. Llegabas a un campamento y esas 3,4 o 6 horas que podías dormir, las dormías, porque nadie te molestaba. En las regatas oceánicas eres parte de una máquina de competición que no se detiene, ni de día, ni de noche y  tu tienes que adaptarte.

En la época del Dakar de Thierry Sabine, recuerdo que nos imponía etapas de 2.300 kms non stop y eso si que era más parecido a las regatas, porque parabas a dormir cuando no podías más, pero el tiempo continuaba contando.

Otro aspecto diferente son la forma de sortear dunas y olas, elementos que físicamente tienen formas parecidas, pero que son totalmente diferentes. Las dunas deben afrontarse de frente, nunca en diagonal, porque es casi imposible que un vehículo vuelque hacia adelante o hacia atrás, sin embargo, las olas, de 8 o 10 metros como las que encontramos en el Golfo de Vizcaya deben superarse en diagonal. Me resulta imposible no pensar en Africa cuando estoy aquí, porque, como soy un navegante atípico, aprendí a navegar en ese continente y no en el mar, en la época en que teníamos que hacer etapas de 1,000 kms por el desierto del Teneré (Níger) o en Mauritania con un compás magnético en la mano y unas cartas, siempre poco precisas. Así supe que en aquellas circunstancias, la experiencia y la intuición eran el mejor complemento de la brújula, cuya principal función era asegurarte que no ibas en sentido contrario. 

De hecho, el nombre de mi barco Dirkou es el de un oasis del desierto del Teneré, donde para llegar siempre nos ponían largas etapas de 600 y 800 kms a través de ese inmenso océano de arena, tan extenso como el Estado Español y con tan sólo la ayuda de la brújula. La angustía se dilataba todo el trayecto y cuando veíamos las palmeras de Dirkou en el horizonte, las pulsaciones de mi corazón bajaban 100 pulsaciones y tenía una sensación agradable de serenidad, de paz, de relax que difícilmente puedo describir, la misma sensación que me da navegar con buenas condiciones.

Mientras estoy escribiendo el barco ha ido reduciendo su velocidad y ahora estoy completamente parado, en una calma, calma. Según el GPS la corriente me está haciendo retroceder a razón de casi ¡ 2 nudos !. Ha llegado el momento ideal para ducharme con un buen par de cubos de agua fresca del Atlántico.  Desde la latitud 36º44’848N y longitud 013º05’421. 

Juan Porcar

UNAS VACACIONES EN SOLITARIO ENTRE EL CIELO Y EL INFIERNO (y III)

agosto 15, 2008   

Son las 6’30 de la mañana, amanece, el Dirkou lleva toda la noche con un fuerte viento de popa plena y ha mantenido una gran velocidad, balanceándose por el empuje de las olas, lo que me ha impedido descansar al tener estar permanentemente corrigiendo rumbo y trimando velas.Estoy empezando a divisar la isla de Porto Santo. Es una inmensa montaña que emerge del mar y pertenece al archipiélago de Madeira. He decidido dejarla por estribor a unas 10 millas para seguir manteniéndome en aguas profundas con olas grandes, pero nobles, a las que ya me he acostumbrado y evitar la ola corta, imprevisible he incómoda de los lugares con poca profundidad, con esta trayectoria también evitaré el riesgo de quedarme sin viento tras la isla.A medida que me aproximo, percibo claramente que, después de 12 días de navegar en solitario por el Océano Atlántico, esto se acaba y empieza a apoderarse mi una sensación contradictoria de alegría, por haber llegado al final y otra de tristeza por saber que un momento muy importante en mi vida también llega a su final. Me sucedía lo mismo en el Dakar, cuando antes de afrontar la última etapa por las playas que nos llevaban al Lago Rosa, observaba este mismo océano con la misma sensación de tristeza que tengo ahora, porque algo importante en mi vida se terminaba.El teléfono móvil, que ha estado silencioso hasta ahora, ha empezado a recibir mensajes, pero no quiero leerlos todavía, los dejaré para cuando todo esto se haya acabado, sólo quiero hacer una llamada a May, mi mujer, que ha vivido todo el recorrido con una gran intensidad e inquietud.

Funchal, una gran acogida.

Han pasado 18 horas desde que cruce la línea de llegada ( 8 agosto , 16 horas ). He dormido profundamente durante una buena parte de la noche, de no haber sido porque estamos en el puerto comercial de Funchal, muy apretados y esta noche los barcos han empezado a chocar unos contra otros y hemos tenido que asegurarlo todo. Uno de mis vecinos, cansado de esta situación porque los obenques y crucetas de su barco, en las ondulaciones, golpeaban contra las de su otro vecino y a las cuatro de la mañana, ha decidido marcharse a navegar a mar abierto; “dormiré mejor en el océano que aquí”, Así son los grandes navegantes, no les agradan ni los puertos, ni las costas, sólo se encuentran seguros en mar abierto.Poco a poco empiezo a recuperar recuerdos y me preocupo por los otros españoles que están en regata. Javier Ugalde, también ha llegado unas horas después y Eduardo Múgica y Quique González, que van en dobles, mañana. Todos son de Bilbao y llevan toda su vida navegando en ese mar duro, que no admite inexpertos.Eduardo y Quique, han tenido coraje al tener que hacer casi todo el recorrido con un rizo en la vela mayor, porque llevan la guía doblada en su parte superior. Han sido muy valientes, porque eran conscientes de que podía reproducirse el problema y en un momento quedarse con la vela bloqueada sin posibilidad de reducirla más.Javier es un héroe, un navegante auténtico al que nada lo doblega. En el viaje desde Bilbao hacia la salida en St Nazaire, rompió el depósito de combustible mientras afrontaba una fuerte marejada de proa y 60 litros de combustible corrieron por todo el barco, hasta que logró neutralizar el problema, no sin pasar por mareos y una gran angustia. Luego en regata reparó su piloto automático, se le estropeó el generador y llegó a la meta sobrándole únicamente ¡5 litros de gasoil!. Sin gasoil no se cargan las baterías y sin baterías toda la electrónica del barco deja de funcionar, incluido el piloto automático.Todos echamos en falta a Juan Ramón Manzano, el cuarto barco, también de Bilbao, que tras un excelente inicio de regata, chocó contra la barca secundaria de un barco oceanográfico y se vió obligado a retirarse.

Masu venció, pero rozó la tragedia que acabó con Tabarly.

En el pantalán he conocido a Philippe Masu, excelente regatista, Campeón de Francia en distintas categorías, de la Solitaire Figaro, de la Transat AG2R, ha vencido en la categoría solitarios y además ha llegado primero por delante de los vencedores en dobles Stéphane Névé y Jan Baptiste L’Ollivier, cosa sorprendente, porque el esfuerzo que debe haber hecho Massu debe haber sido titánico. Ha arriesgado tanto, que un día en mitad del océano, al intentar cambiar un spi que le había explotado, perdió el equilibrio y ¡cayó al agua!. Por suerte en el último instante, pudo cogerse a la driza del spi y ello le salvó pues, a pesar de ser arrastrado, pudo subir de nuevo al barco. Le pregunté porque no llevaba arnés y chaleco y me respondió; “no debo hacerlo más, es un error no llevarlos. Tabarly murió así”. Es cierto, Eric Tabarly, el más grande de los navegantes solitarios franceses de todos los tiempos, llegó a escribir en un libro que un buen profesional no necesitaba esos “artilugios” que impiden trabajar libremente en el barco. Tabarly murió una noche con mal tiempo, en una regata con tripulación cuando estaba en el mástil y un golpe de viento lo proyectó al mar. El compañero que llevaba el timón en aquel momento, ha quedado marcado para siempre por este hecho, porque escuchó como el navegante al caer le gritaba algo que nunca entendió y a pesar de intentarlo durante muchas horas, no lo pudieron recuperar.Cuando haces un viaje, el cuerpo llega en tiempo presente, pero el alma tarda un poco más y esta vez no ha sido una excepción. Mi alma está llegando con muchos recuerdos que había olvidado, como la noche que Javier Ugalde me llamó muy asustado porque un petrolero iba en su mismo rumbo y a pesar de intentarlo por la emisora y con el proyector de luz nadie respondia, hasta que le paso a 200 mts y me dijo”Juan, todavía me tiemblan las piernas, no puedes imaginar lo enorme que era”.También he recordado el día que estaba dentro del barco y un frenazo tremendo me proyecto sobre los sacos de velas. Me había enredado en una gran red de pescadores que arrastraban dos grandes peces y me di cuenta que era uno de esos momentos en que me tocaba hacer algo que no me gustaba nada, nada; meterme bajo el casco sin nadie gobernando el barco. Primero intenté subirla al barco pero sólo lo conseguí con una pequeña parte. Antes de tomar la decisión de enfundarme el traje de neopreno y la botella de oxigeno. Decidí hacer una inspección visual, así que me desnude a pelo, me puse el chaleco, fije el arnés a la popa, gafas, cuchillo tipo Rambio y empecé a bajar por la escalerilla pensando “sólo me faltaba esto. ¡que alguien me eche una mano!”. Y “alguien” me ayudó. Cuando intenté separar la red para sumergirme, está se escurrió levemente y pensé que tal vez cortando una parte, la otra quedaría liberada y así fue. Después de una hora y media cortando con paciencia hilo a hilo, la parte que a arrastraba los peces se escurrió suavemente y evite el baño.

Una dedicatoria que sale del corazón.

En los próximos días a todos los que hemos participado en esta experiencia iremos recuperando todos los recuerdos que por el momento están perdidos en algún lugar.La segunda etapa se iniciará en enero y nos llevará hasta La Martinica, pero eso será otra historia… Hoy he sabido que Jose Luis Ugarte falleció mientras navegábamos. Me ha entristecido y emocionado mucho porque él fue nuestro ejemplo a seguir, nuestro maestro en lo de la navegación en solitario. José Luis participó en muchas pruebas, pero quiero destacar su participación en la Vendee Globe, la vuelta al mundo en solitario, sin escalas, ni apoyo cuando tenía ¡64 años!. Recuerdo que un día le preguntaron;  “¿Qué lee cuando navega?” Y el respondió “Que voy a leer, lo que he leido toda mi vida, libros relacionados con la mar”.

No puedo dedicarle ningún triunfo, no estaba preparado para lograrlo. Lo mejor que puedo dedicarle son estos textos escritos con el corazón, en un barco, sólo y en mitad del océano. José Luis, no te olvidaremos nunca.

Juan Porcar

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